Devilman: crybaby o el corazón sangrante de un demonio

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Trailer | Drama, terror, acción, sobrenatural | 10 episodios | Science SARU | Año 2018 | ★★★★☆

Sinopsis: Akira Fudo y Ryô Asuka son como la noche y el día, pero grandes amigos desde la infancia. Akira es honrado e inocente, con un gran corazón que le hace llorar a menudo; Ryô es frío y racional, con una mente brillante y afilada. Ambos se separan por cuestiones de la vida, pero a los pocos años Ryô regresa a Tokio con noticias pavorosas: el planeta está infestado de demonios, y es necesario pararles los pies para evitar la destrucción del mundo. Asuka propone a Fudo acudir a una fiesta denominada Sabbat, donde seguramente puedan conseguir pruebas fehacientes de la existencia de estas criaturas. A partir de entonces la vida de Akira cambiará radicalmente, se convertirá, muy a su pesar, en Devilman: un hombre-demonio.

También te puede gustar: Kanashimi no Belladonna, Kenpû Denki Berserk, Puella Magi Madoka Magica, Elfen Lied.


Devilman: crybaby tiene los ingredientes básicos con los que el público occidental profano suele relacionar el mundo del anime (o el manga, la mayoría no lo distingue): sexo y ultraviolencia. A la fórmula le podemos añadir también las consabidas drogas, pero sin el rock n’ roll. Lo que hay es mucho hardcore techno y gabber, que se muestran como la banda sonora perfecta para esta serie en la que Masaaki Yuasa extiende los espeluznantes horizontes del Infierno en la Tierra. Devilman: crybaby, en cierta forma, va dirigido al hombre occidental que quiera chapotear en el mundo de la animación japonesa a través de un producto que le resulte familiar. Gô Nagai y Mazinger Z, junto a los clichés más generales del shônen y seinen son, más o menos, conocidos entre el suscriptor medio de Netflix; y a estos espectadores va dirigida esta barbaridad de serie.

Barbaridad, sí, a todos los niveles. Porque Yuasa no se anduvo con chiquitas. ¿No queríais caldo? Pues hale, dos tazas. Para los estándares de Netflix es brutal, para un otaco promedio es algo burrilla. Lo mejor de todo es que, a pesar de que Devilman: crybaby estaba planteada para Occidente, han hecho lo que les ha dado la gana y todo el mundo es susceptible de disfrutarla. Salvo los desafortunados de estómago sensible, esos me temo que mejor ni se acerquen. Devilman: crybaby no es lo mejor que ha hecho Masaaki Yuasa, pero sí está entre lo más destacado. Este hombre se encuentra on fire, y espero que la racha continúe durante mucho tiempo.

El señor gato de pelaje negro se llama Tako, y aunque estas imágenes no os puedan parecer nada del otro jueves, son engañosas. Las he puesto porque me gustan los mininos y Tako, entre tanto demonio, desmembramiento y destrucción, merece un lugar de honor. Pero hasta aquí. Devilman: crybaby no tiene ningún tipo de misericordia y se regodea en todo lo miserable e indigno del ser humano. Y digo bien: el ser humano. No obstante, comencemos por el principio.

Devilman es una creación original de Gô Nagai (Wajima, 1945) en la que invirtió mucho esfuerzo y esmero. Mucho más que en su archiconocido Mazinger Z, que para él solo era un recurso alimenticio; sin embargo, la fama mundial la consiguió el mecha, y el éxito de Devilman quedó más restringido al ámbito japonés. El manga constó de 53 capítulos distribuidos en 5 tankôbon que la mítica Shônen Magazine publicó entre 1972 y 1973. Su adaptación animada, de la que hablé ya un poquito aquí, compuesta de 39 episodios, consiguió gran notoriedad, y pasó a convertirse en un clásico solo eclipsado por el poderío de Mazinger. Ambas protagonizaron un crossover, Mazinger Z vs. Devilman (1973), que proclamaba a los cuatro vientos la gran celebridad que habían alcanzado. Pero el Devilman setentero, por mucho que lo honremos y sea una obra a revisar de vez en cuando con cariño, no fue mas que una adaptación bastante suavizada (más apta para el público infantil) del manga original, cuyos contenidos eran muchísimo más explícitos.

Pero he aquí que Masaaki Yuasa, por fin, ha sido el destinado para trasladar esa crudeza del manga original a la pantalla. Porque Devilman: crybaby es una adaptación del tebeo en la que Yuasa ha sido extremadamente considerado. Ha conducido a su terreno la obra de Gô Nagai, la ha modernizado, pero manteniendo su fantasía psicodélica e historia brutal. Por eso mismo, a los que hayan disfrutado de la serie, la lectura del manga puede resultarles bastante interesante. Los que esperen un anime con una impronta del director visible, quizá queden algo decepcionados. Porque, a pesar de que es una serie indudablemente suya, Yuasa ha decidido en este caso ponerse al servicio de la obra, manteniendo su tan característico estilo en un plano más discreto. En esta serie tenemos un Yuasa comedido en su expresión personal, se trata de un homenaje respetuoso a Devilman realizado con fervor y humildad, pero no por ello menos rutilante y desmesurado. Se nota la fuerte admiración que siente Yuasa hacia la obra, y su deseo de conservar su esencia original más que hacer su reinterpretación particular. Y me parece bien.

Devilman: crybaby va in crescendo, es una progresión geométrica perfecta. Comienza con los habituales problemas del mundo adolescente para acabar con la llegada del Fin del Mundo. Ese ritmo de la serie, como una gigantesca espiral descendente hacia una destrucción absoluta que lo engulle todo, me ha llamado muchísimo la atención. Un inicio en el que encontramos la vida de un adolescente de padres ausentes por su trabajo en el extranjero, con una vecina hafu cristiana, Miki, gran atleta y corredora, de la que está enamorado y con la que se lleva genial. Él es un inútil en los deportes, con un carácter compasivo y honesto, y vive su adolescencia como cualquier otro chico, en el instituto y rodeado de gente que aprecia. Pero detrás de esa aparente normalidad, late la sordidez de una realidad que asoma su fea cabeza con afilados envites. Notas discordantes en la melodía de esa infancia inocente que cada vez se aleja más, emponzoñando poco a poco la existencia. Y no, no son las pequeñas mezquindades inherentes al ser humano, como los celos de Miko hacia Miki, su amiga y rival en las competiciones, las que destruyen el corazón; aunque sí resulten ser las palancas perfectas para la futura catástrofe. Una catástrofe que se va precipitando ante los ojos del espectador, sin control, sin remedio.

Un fotógrafo que insiste en hacer fotos desnuda a Miki; un deportista de élite, antes un don nadie, relacionado con un sangriento asesinato; unas extrañas fiestas clandestinas llamadas Sabbats donde corren las drogas y se celebran monstruosas orgías; la inesperada llegada, tras años de ausencia, de Ryô a la vida de Akira con una impactante revelación: el planeta está a punto de ser dominado por demonios, y solo ellos dos pueden evitarlo. Este es el contexto inicial de Devilman: crybaby, y, a partir de allí, se va desarrollando la historia. Líneas argumentales aparentemente inconexas confluyen para entreverar el tapiz del fin del mundo, con un importante elenco de personajes esbozados cuidadosamente; y con un papel muy definido en el horizonte general de la epopeya. Porque este anime tiene tanto las dimensiones como el tono de una épica trágica, que crece, crece y crece hasta convertirse en un cataclismo de magnitud cósmica.

“El amor no existe, no hay cosa semejante, por lo tanto no existe la tristeza.” Eso es lo que pensaba.

Estas palabras, pronunciadas por Ryô, son la madre del cordero. El alfa y el omega de la serie. El chico rico, culto, inteligente y de aspecto angelical no cree en el amor, pero se sirve del que siente Akira por él para que se convierta en un demonio. Pero no un demonio completo, sino un hombre-demonio, un devilman. Un ser con el cuerpo casi indestructible de un demonio pero el corazón de un ser humano. En el caso de Akira, el poderoso diablo Amon. Pero no a todas las personas les sucede igual, no todos pueden llegar a dominar su lado demoníaco. Y así Akira, con su gran compasión, se erige como la figura crística de la serie, enfrentada al eterno opositor, al adversario, a Satán. Solo él y sus nuevos poderes sobrenaturales pueden lograr parar la conquista planetaria por parte de estas criaturas diabólicas. Se convierte en el instrumento de su querido amigo, se somete a sus planes voluntariamente. De nuevo, por amor. Así Akira y Ryô, desde el mismo principio, quedan configurados como yin y yang. Opuestos en su manera de pensar y ser, pero con un poco de la naturaleza de cada uno de ellos también en su interior.

Omitiendo su vertiente adivinatoria que no es de ninguna utilidad, el Arcano Mayor XV del Tarot, que corresponde a la figura del Diablo, resulta perfecta a través de su simbología para explicar qué son los demonios en Devilman: crybaby. Porque lo que este naipe representa es lo que aparece meticulosamente plasmado en el anime. Acudamos tanto al mazo Visconti-Sforza (s. XV), el Marsella (s. XVIII) o al más reciente Rider-Waite-Smith (s. XIX), su simbolismo es muy evidente. Un ente hermafrodita, señor absoluto del mundo material y físico, con plenos poderes sobre las pasiones y emociones más viscerales y que, a su vez, es dominado por ellas de manera destructiva. Representa la ceguera espiritual y la negación del amor; un espíritu que ha caído al mundo terrenal y que ha asumido las características de sus criaturas más bajas, convirtiéndose en un monstruo guiado simplemente por el instinto de supervivencia. Más allá de la gracia de Dios, sin luz, sin empatía, sin compasión. Solo los más fuertes merecen existir. Pero esta esclavitud a los más primitivos instintos es una elección personal. Sus cadenas pueden fácilmente retirarse, pero escoge no hacerlo por el enorme poder y el placer que se disfrutan. Es el arquetipo del desenfreno y la irracionalidad, de la codicia, la violencia y la lujuria. Una completa sumisión a los vicios y las tinieblas de la mente.

Sin embargo, toda esta simbología se refiere a facetas del ser humano. Son características humanas. Y eso Masaaki Yuasa lo ha sabido expresar también muy requetebién. Los demonios de Devilman: crybaby son todo lo que el naipe del Tarot encarna: violentos, libidinosos, irracionales, asesinos e insaciables. No sienten ningún tipo de conmiseración hacia los que no consideran sus iguales, aunque entre ellos pueden desarrollar cierto tipo de lealtad. Y hasta afecto. Demonios y humanos en este anime no son tan distintos psicológicamente. En ese Infierno en la Tierra que va filtrándose como lava incandescente, los humanos se demonizan y los demonios se humanizan. Curiosamente, siempre con su libre albedrío intacto. Y el summum de esa total compatibilidad entre especies es Devilman, cristalización de ambos mundos.

Los personajes secundarios que van desfilando en Devilman: crybaby tienen casi todos algo esencial que aportar al progreso de la serie. Destacar los dos personajes femeninos, Miki y Miko, ambos geniales y con una bonita evolución, sobre todo en el caso de Miko. La pandilla de raperos, con sus rimas y maravilloso lenguaje corporal, expresan muy bien el descontento social; los demonios Kaim y Silene, una fidelidad y sentido del honor inauditos. Hay una prodigiosa escala de grises en sus psicologías, que los hace creíbles y sorprendentes. Pero como no podía ser de otra manera, los que se llevan toda la atención son Ryô y Akira. Akira con su inmensa sensibilidad y espíritu de sacrificio, capaz de darlo todo de sí mismo por el bien común; Ryô con su fría racionalidad, orgullo y capacidad de visión global. Pero de él tampoco sabemos mucho más, tiene un pasado enigmático que ni siquiera el mismo Akira se molesta es desvelar.

En su apartado artístico, Devilman: crybaby toma el trabajo de Gô Nagai y lo estiliza hasta otorgarle una simplicidad que podría resultar peligrosamente anodina si no fuera por el excelente trabajo que han hecho con el color. Esa saturación deslumbrante sin apenas volúmenes, junto a una extraordinaria plasticidad que culebrea en dinámicas imposibles, hacen de este anime un experimento visual, en ciertos momentos, sobrecogedor. Una experiencia lisérgica de luz y fantasía muy, muy retorcida. El trabajo con el CGI es bastante más que correcto (para que diga yo eso, ¡buf!) y, en general, la expresividad que han logrado con unos trazos tan sencillos resulta de verdad fascinante. No he podido evitar evocar, mientras veía esta serie, los trabajos de Keiichi Tanaami (Tokio, 1936) y, sobre todo, Yôji Kuri (Tokio, 1928), con sus reminiscencias surrealistas y del Pop Art.

Devilman: crybaby es un anime excesivo en todos los sentidos, de una hipérbole emocional sin parangón pero completamente justificada. Nada es gratuito, ni sus escenas casi pornográficas, ni las brutales masacres, ni esas tragedias crueles que se desatan (eso es el Arcano XV, amiguitos, ni más ni menos). Es una serie que cuenta cómo el mundo se va a la mierda, por lo que no hay medias tintas que valgan. Y la sociedad humana, estampada de manera espléndida en sus contradicciones y miserias, contribuye activamente a ese descalabro. No es una obra fácil, y puede provocar problemas de indigestión serios, pero dejarla aparcada también implicaría perder la oportunidad de disfrutar de un anime redondo con un aroma vintage muy perceptible. Eso sí, si uno es impresionable o se deja llevar por los prejuicios que puede producir esa abundancia de atrocidades, probablemente considerará esta obra un castañón. El que avisa no es traidor. Sin embargo, no es un mero revoltijo de sexo, vísceras y sufrimiento. Devilman: crybaby invita a la reflexión sobre temas peliagudos, como si no será Dios una criatura tan frígida y despiadada como el propio Satán. Lo mejor de todo es que el anime no brinda todas las respuestas, espera que el espectador encuentre las suyas propias.

SHO-SHIKIBU

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10 comentarios sobre “Devilman: crybaby o el corazón sangrante de un demonio

  1. Se ve interesante, aunque en estos momentos no estoy de humor para sangre y vísceras, los temas que plantea y las reflexiones llaman mi atención, asique lo más probable es que se lo recomiende a mi hermano y lo vea luego. Muy buena entrada, como siempre…voy a curiosear el trabajo de los dos artistas que mencionas. Besos 🙂

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    1. Devilman: crybaby no es para todo el mundo, por eso la entrada está plagada de advertencias jajaj tiene que saborearse con tiento además 😉 porque no es solo brutal en sus formas, sino también en las reflexiones que propone. No lo considero un anime atractivo a priori para una mayoría del público, y tampoco he escrito la reseña para atraerlos, me parecería estar tendiéndoles una trampa 😛 Solo he procurado ser honesta. Sin embargo, me ha parecido uno de los anime más importantes de lo que va de año, que tampoco es demasiado (estamos en febrero xD ), aunque dudo que vayan a aparecer muchos productos más a su altura. No se le ve al horno para muchos bollos. No obstante, quién sabe. Ojalá sí, ¡mejor para la otaquería! 😀
      Ya contarás qué te parece una vez des el paso para verlo, ¡besos! ❤

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  2. **Comentario con spoilers de Devilman Crybaby. Personalmente, pienso que los spoilers no rompen las buenas obras. Pero aviso.

    Muy mono el artículo, Shô. Especialmente curioso que hables del tarot. Pero a mi sí que me parece un castañón, que no recomendaría a nadie. Me la maratoneé una semana después de que salió, viendo tanto titular de “ANIME OF THE YEAR?!?!?!?”… Y no sabes cómo me arrepentí… Quizás sea porque mi pensamiento queda mas bien en el positivismo antropológico: que la gente es buena, vamos ( y no entro en si se corrompe por la sociedad o tal o cual, o si siquiera lo hace en primer lugar). Pero dicen que el buen arte causa incomodidad, ¿no? ¿Que hace que te cuestiones cosas, verdad? Pues en ese sentido, un 10 por Yuasa, porque estuve la semana siguiente en ofuscación intentando encontrar sentido a cómo un producto así gusta a las masas, y en como mi queridísimo Yuasa creó una obra tan lejana (en principio) a su catálogo previo…

    ¿Sabes? Me da igual el gore gratuito que se gasta la serie, hasta ese momento en que deja de ser ajeno. En que involucra a la familia, a los raperos, a Miki. Y que lo hace de forma lenta, cruel y agonizante. Tortura. No puedo. ¿Crybaby? Por supuesto. La puta empatía.

    Esos capítulos finales que hicieron espiral hacia la catástrofe, sencillamente fueron demasiado. Y quizás por eso no me llegara, no fuera capaz de atender, al mensaje final de Ryo, de la serie (aunque sospecho que a muchos fans les dio igual).

    En una entrevista de Annecy el año pasado, le preguntaron por Devilman, y que how the fuck estaba haciendo algo tan distinto en tono a obras alegres como Ping Pong o Tatami. Su respuesta: “I think that even in the darkest of the darkest things, there is still some good, some light and some hope”. PAM. Pensando hacia atrás, se puede argumentar que el “llorón” es un motivo inherente a toda la obra de Yuasa, y con ello hace cambios a la obra de Go Nagai que alteran el signifcado final.

    No he leido el manga, pero dicen que es nihilismo puro, requeteduro. Pero, oh, con Yuasa: “El amor no existe, no hay cosa semejante, por lo tanto no existe la tristeza. Eso es lo que pensaba “. Eso. es. lo. que. pensaba. + lagrimita de Satan. Ryo, el puto Satan, admite que siente amor. Con amor viene la tristeza. Con la tristeza el remordimiento. Así que al final se queda en tragedia griega, inexorable.

    Demasiado tiempo he gastado en escribir esto, y bueno. Que la serie tiene muchos defectos como que no me creo como el chico del beat box sea el unico vivo “al final”, que los raperos se maten entre si en un momento, que todo el desarrollo emocional para Akira despues de que maten a su familia sea enterrarlos out-of-scene y llorarlos 1 segundo, para entrar ipso facto en escena de pelea, que el niño pequeño sea otro demonio… En eso, el mundo de Devilman falla en absorberme.

    Y a pesar de toda esta mierda que he soltado, respeto Devilman Crybaby. No la volveré a ver, ni la recomendaré, porque hay incontables obras mejores para mis criterios como espectador, pero al menos salgo de mi visión reduccionista, y puedo argumentar por qué es un castañón. Además, ahora sé de donde vienen otras tantas obras que amo como Berserk, o Evangelion, o hasta parte de Kill la Kill.

    XOXO ❤ ❤

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    1. ¡Hola, Arrowhead!
      No te preocupes por la longitud del comentario, te ha quedado muy kawaii. Devilman:crybaby no ha gustado a muchísima, pero muchísima gente, pero era de esperar porque no es ni un producto comercial ni va dirigido a un público mayoritario. De ahí mis continuas advertencias en la reseña sobre su ultraviolencia, sexualidad desaforada y crueldad irracional. Lo que es el naipe del Diablo, resumiendo. Yuasa ha sabido plasmar muy bien la esencia del demonio occidental y lo que es el Infierno judeocristiano. Y no, no es agradable, de ahí que los cristianos se afanen tanto en evitar ir allí xDD
      El manga es crudo y sin misericordia, así que si el anime no te gustó, no te acerques a él ni a un kilómetro. Pero es bueno. Al igual que la serie. Es buena, otra cosa distinta es que haga pupa.
      ¡Saludos! 😀

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  3. He de decir que este anime pese a los desenfrenos y excesos en que incurre es una obra notable.
    Este tipo de excesos suelen ir acompañados de una falta de mensaje intrínseco pero no es el caso, aquí hay un trasfondo que justifica el despliegue de sexo y violencia visual que nos ofrecen, bien es cierto que para gente con una mentalidad neopuritana y millenial la voragine puede resultar demasiado intensa y provocar un cortocircuito en sus navegadores gps buenrollistas y sus cilicios retraibles marca corrección política s.a, lo cual hace incluso mas valiente el empeño del autor en no escatimar detalles sórdidos, por otra parte presentes en el manga.
    Ciertamente Yuasa se aleja de su estilo habitual pero precisametne una de las cosas mas difíciles para un artista es coger una obra de otro y ser capaz de meter sus pinceladas sin necesitar destrozar el trabajo anterior,en este caso creo que se ha conseguido a las mil maravillas.
    Es definitivamente una muy buena recomendación, gracias Sho .

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    1. ¡Buenas, Nephrite!
      Lo cierto es que para las actuales sensibilidades Devilman: crybaby es un pelín cruento, como le comentaba a Arrowhead, no es un anime para un público masivo. Imagino que no sigue exactamente los patrones de la corrección política, pero el anime tampoco es que se haya caracterizado en general por seguirlos demasiado. Los japoneses funcionan de otra manera que los occidentales.
      A mí también me ha gustado cómo Yuasa ha dado un paso atrás para darle el protagonismo a la historia de Gô Nagai. Devilman:crybaby no ha quedado perfecta (nada lo es) y tiene sus defectos, pero es un producto muy por encima de la media y con un trasfondo inteligente.
      ¡Gracias a ti por comentar! 😀

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  4. Pedazo artículo sobre esta locura maravillosa de Yuasa. Me ha gustado lo de que querías dos tazas, pues toma más. Devilman Crybaby es un exceso, pero diría que hasta cierto punto medido. Yuasa parece querer crear impacto, y obviamente, lo ha conseguido. Aquí no hay medias tintas ni corte. Va con todo. Y para mí, triunfa a lo grande gracias a una historia que es más de lo que aparenta al principio (demonios vs humanidad) con unos personajes que son cuanto menos interesantes. O al menos se van dibujando interesantes con el paso de los capítulos, a excepción del villano promedio típico. Pero bueno, es lo de menos. Me gusta ver como cada protagonista evoluciona con sentido dentro de esta alocada psicodelia y pirotecnica sangrienta. Una agradable sorpresa de Netflix. Estoy seguro de que no caéra esa breva con Los caballeros del Zodiaco, por desgracia. Un abrazo^^

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    1. ¡Aloha, Mangrii!
      Efectivamente, Yuasa acude con toda la caballería y arrasa. Sin compasión. En todos los aspectos. A pesar de que no es una serie 10, Devilman: crybaby resulta magnífica. Es bueno que Yuasa se diversifique también y trabaje otras temáticas y géneros, lograr ser versátil no es tan sencillo.
      Yo le tengo miedito a los Caballeros del Zodiaco de Netflix, porque es una obra que pegó muy fuerte en Occidente (Devilman no tanto) y su nueva puesta en escena puede caer en el tradicional ejercicio de nostalgia para contentar a todos esos treintañeros/cuarentañeros que crecieron con ella (yo, por ejemplo, jaja). Meh. En realidad ese sería el peligro más obvio, pero hay unos cuantos más a la hora de encarar una obra tan célebre. Veremos en qué queda todo, nunca se sabe, ¡a lo mejor tenemos una sorpresa agradable! 😉 (soy una iluuusa, pero dejadme en paz con mis sueñossss)
      ¡Abrazo de vuelta! 😀

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