Porque los clásicos nunca mueren: Akage no Anne

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Opening | Histórico, drama, slice of life | Nippon Animation | Año 1979 | 50 episodios | ★★★★★ |

Sinopsis: Anne Shirley es una huérfana de 11 años que ha sido enviada por error a la granja de los hermanos Cuthbert, en una pequeña población de la Isla del Príncipe Eduardo. La pareja quería adoptar a un chico que les ayudara con las faenas del campo, pero en su lugar apareció en sus vidas un terremoto pelirrojo de fantasía desbordante y gran vitalidad. Nada volvería a ser igual en la aldea de Avonlea.

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UN PEQUEÑO RODEO

Akage no Anne, o Ana de las Tejas Verdes como la conocemos mejor en Occidente, es uno de esos anime que sacuden los recuerdos infantiles de la otaquería que hemos alcanzado cierta edad (uf, qué solemne ha quedado eso). Si no es porque la hayamos visto, es por referencias, ya que procede del indispensable contenedor televisivo World Masterpiece Theatre, al que pertenecieron también las series de Marco, Tom Sawyer, Mujercitas y otros clásicos de la literatura que fueron, a su vez, parte significativa de la inclusión del anime en el mercado hispanohablante. Aunque no fue producida por Nippon Animation, Heidi de los Alpes es el ejemplo más célebre del espíritu que representaba el WMT: orientación familiar, obras literarias reconocibles occidentales, esmerado slice of life con niño en el rol principal y puesta en escena preciosista.

Comenzando en 1969 (con la productora de Osamu Tezuka MushiPro en los fogones) hasta 1997 (desde 1975 con Nippon Animation), se trabajó en decenas de series animadas que marcaron la niñez de millones de personas. Hubo una diminuta resurrección durante 2007-2009 con un trío de obras (entre ellas la precuela de Akage no Anne), pero no se ha vuelto a plantear un regreso de nuevo. Quizá porque alberga un tipo de anime que no conecta con el otaku contemporáneo; acaso porque el público actual espera productos más inmediatos y espectaculares. En Japón, no obstante, el World Masterpiece Theatre resulta vital para comprender la historia de los dibujos animados, su impacto en la población fue notable y, aunque fue perdiendo fama conforme el anime deambulaba por nuevos derroteros, nunca se cuestionó su calidad e influencia. No es de extrañar entonces que en él volcaran su esfuerzo y pericia grandes animadores como Yoshiyuki Tomino, Toyoo Ashida… o dos bastante más renombrados: Isao Takahata y Hayao Miyazaki.

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Isao Takahata y Hayao Miyazaki cuando todavía no peinaban canas, allá por los horteras 70.

Este dúo prodigioso conocido por todo maloliente otaco que se precie, unió fuerzas para sacar adelante un anime de protagonista femenina inteligente y de rotunda personalidad, algo que más adelante se convertiría en una característica de las heroínas Ghibli. Con ellos trabajaría también Yoshifumi Kondô, cuyos pasos acabarían también en los míticos estudios. Takahata se hizo cargo de la dirección, Miyazaki de sus maravillosos fondos, Tomino del storyboard y Kondô de la animación y diseño de personajes. Equipazo. Hasta un cuentecillo mediocre habría resultado un portento con semejantes profesionales entre bambalinas por lo que, ¡cómo no esperar algo extraordinario partiendo de una base fantástica! Porque la obra literaria en la que se cimentó el anime, Anne of the Green Gables (1908) de Lucy Maud Montgomery, es una de las novelas más importantes y representativas de su Canadá natal. Un clásico universal.

Eso de “universal”, ¿incluye Japón? Por supuesto. De hecho, Ana de las Tejas Verdes es una saga muy admirada en el país. Desde su primera traducción en 1952, su fama no paró de crecer, convirtiéndose en uno de los libros más leídos y queridos por el público femenino nipón. Podríamos considerarla una shôjo shôsetsu (novela para jovencitas) por derecho propio, a pesar de tratarse de una obra foránea. No es de extrañar que en Japón esta serie de libros alcanzase el nivel de fenómeno social, ya que expresa de manera diáfana una característica muy, muy japonesa: la idealización y amor por la Naturaleza. La delicada atención al transcurrir de las estaciones, sus primorosas descripciones. Cualquiera que haya buceado, aunque fuere superficialmente, en el océano de la literatura de las islas, se habrá topado irremediablemente con ese gusto por la contemplación de los árboles, flores, montañas y su hermosa futilidad (mono no aware).

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La escritora Lucy Maud Montgomery

Habían llegado a la cuesta de una colina. Bajo ellos había una laguna que parecía casi un río, tan grande e irregular era. Un puente la cruzaba y desde allí hasta su extremo inferior, donde el cinturón ambarino de las arenas la separaba del oscuro golfo lejano, el agua era una sinfonía de gloriosos tonos: los más espirituales del azafrán, las rosas y el verde etéreo, mezclados con otros tan irreales que no hay nombre para ellos. Más allá del puente, la laguna llegaba hasta una arboleda de abetos y arces, reflejando sus sombras cambiantes aquí y allá; un ciruelo silvestre sobresalía del margen, como una niña de puntillas que contemplaba su propia imagen. De la espesura en el extremo de la laguna, llegaba el claro y tristemente dulce coro de las ranas.

¿Iban a poder resistirse Takahata y Miyazaki a una obra que cantaba de manera tan estentórea los ideales que luego plasmarían una y otra vez en Ghibli? Desde luego que no, por eso mismo no dudaron en viajar hasta la mismísima Isla del Príncipe Eduardo para conocer in situ los paisajes que tan bien supo estampar Montgomery. Los paisajes y la manera de vivir de sus gentes, porque tanto las novelas (son 11 volúmenes los que completan la serie) como el anime son un slice of life de tomo y lomo. Y la hermosa vida rural que disfruta Anne Shirley es la que se vierte en la primera novela y en estos dibujos animados.

OPINIÓN PERSONAL

Ana de las Tejas Verdes es un libro conmovedor, escrito con un cariño y sutilidad excepcionales. Sencillo, divertido, profundo. Se supone que va dirigido al lector juvenil, pero su esencia es tan generosa que trasciende las barreras de la edad y el género. Es una novela para que la disfrute cualquier persona, porque valiéndose de su gentileza, tiene la capacidad de estrujar el kokoro. Y sin sentimentalismos. Es una obra que ha tenido decenas de adaptaciones a lo largo de las décadas, unas más afortunadas que otras; pero, sin duda, para mí su mejor y más fiel encarnación es la animada de Isao Takahata. No hay color. Siendo esta una contundente declaración de principios, ya podéis imaginar por dónde van a ir los tiros de la reseña. Akage no Anne es una serie 10, y no suelo toparme con muchas así. No se queda en mera (pero genial) adaptación, rompe el cordón umbilical del libro, tiene vida propia.

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Como el mismo título indica, Akage no Anne es la historia de una huérfana, Anne Shirley, y su apacible existencia en el pueblecito ficticio de Avonlea. Es un retrato pormenorizado de una niña de 11 años inquieta, romántica y de imaginación exuberante. No ha tenido una vida fácil, y ha sido precisamente la fantasía de su mente la que la ha ayudado a satisfacer sus carencias afectivas. Como un refugio, como un consuelo; siempre caminando entre la frontera difusa entre realidad y ensueño. Las desgracias que ha padecido han modelado también su personalidad, haciéndola una muchachita fuerte y voluntariosa, con un optimismo a prueba de bombas y un corazón tierno como un bizcocho. Es honesta e impetuosa, con una tendencia al melodrama casi cómica, pero también de intelecto brillante. Anne se hace querer, es imposible no hacerlo conforme se la ve crecer y madurar poco a poco. La niña, la adolescente, la mujer joven. Su evolución física y psicológica está hecha con tanto cuidado y amor que es muy fácil empatizar con el personaje. Posee tantos matices que resulta complicado no verse reflejado en ella de alguna forma.

Akage no Anne es un bildungsroman de ritmo sereno y centrado sobre todo en las pequeñas tragedias y alegrías de lo cotidiano; las complejidades del día a día, sus dilemas. Y en esto Takahata mantiene un pulso maravilloso, mezclando fantasía y realismo de forma fascinante. Con total naturalidad, se va desplegando ante nuestros ojos el mundo de Anne y Avonlea. La riqueza de sus detalles abruma, porque se muestran a la vez con suma sencillez. Y ese mundo no solo está habitado por Anne y su indómita imaginación, ese mundo se encuentra rebosante de personajes sin los cuales el horizonte sería terreno yermo.

Como obra maestra indiscutible del slice of life que es, Ana de las Tejas Verdes presume de un elenco de secundarios robusto y esmerado. Van apareciendo con una cadencia armoniosa, como la vida misma en Avonlea, y asemejándose a piezas de un puzzle, construyen una realidad de sólidas raíces. Todos tienen un papel importante que jugar en la historia de Anne. ¿Qué sería de ella sin la sensatez y pragmatismo de Marilla? Al principio no la quería en la granja, fue frustrante descubrir que en vez de un chico que pudiera ayudarles, surgiera de la nada una mocita parlanchina y con la cabeza en las nubes. Pero Marilla, a pesar de su dureza, es justa y compasiva. ¿Sería igual de feliz Anne sin la presencia de Matthew? Él, que quedó prendado de nuestra pelirroja en cuanto la vio y la consiente como si fuera una princesita. Su alma noble y tímida es fundamental para Anne. ¿Y qué decir de Diana? Su primera y querida amiga. ¿Y de los chicos del colegio? ¿De Gilbert Blythe? ¿Y la irritante señora Lynde? ¿Y el reverendo Allan y su esposa? Muchos, muchos más van desfilando.

Una de las cosas que más llaman la atención de Akage no Anne es la ausencia casi total de recursos sentimentaloides a la hora de reflejar conflictos o momentos de fuerte intensidad emocional. Takahata impone una narrativa armoniosa y de flujo gradual. Muy entretenida y, a la vez, reflexiva. Aunque Anne posea una predisposición natural a la exaltación melodramática, queda completamente arropada en el escenario de la vida corriente. Los sentimientos que cristalizan en el anime no sufren de diabetes, muestran su grandeza sin aspavientos y de manera muy humana. Curiosamente, quizá sea ese aspecto el que haga la serie tan enternecedora. No a la manera estridente a la que nos tiene acostumbrados Disney, sino precisamente por su contención y sutileza. Algo que más adelante podríamos observar también en las producciones de Ghibli.

Y sí, el espíritu de Ghibli se puede percibir por toda la serie: en su extraordinario arte y fondos, en su filosofía y amor por la Naturaleza, en su prodigiosa heroína de armas tomar, en el coming-of-age de su historia. Los diseños de los personajes, aunque toscos comparados con los actuales, tienen una elegancia en su ingenuidad muy eficaz y expresiva. Son perfectos moviéndose en esos lay-outs de finura magnífica. Técnicamente, Akage no Anne es una pieza a estudiar y valorar, situándose por encima de otras hermanas del World Masterpiece Theatre.

Ana de las Tejas Verdes es una serie amable para toda la familia. Su aparente simplicidad oculta uno de los trabajos más minuciosos e intrincados que he observado en un slice of life. Y con excelentes resultados. No obstante, hay que tener siempre en cuenta que se trata de un anime del año 1979, así que no se le deberían exigir unos medios técnicos que todavía no existían. Ha sido una delicia recorrer de nuevo esos 50 episodios, porque en ningún momento, y repito, en ningún momento, se me ha hecho tediosa o repetitiva. Esa es la magia que conjuró el maestro Takahata.

De alguna manera, parece que en Occidente ha existido una especie de tendencia a olvidar las obras dirigidas al público infantil, sobre todo si son reliquias de hace casi cuarenta años. El shônen y seinen tienen algo más de predicamento, sin embargo sería un error colosal pasar por alto una obra del calibre de Akage no Anne. Los amantes de las antiguallas animescas como yo deberían tenerlo clarinete: es un must-see. Los espectadores ocasionales de anime, y que además conozcan la novela, se llevarían una (muy) agradable sorpresa. Los otacos del s. XXI tendrían que colgar sus prejuicios en el armario y adentrar sus hociquillos en las tripas de esta maravilla. Anne cambió las vidas de todos aquellos que la conocieron en Avonlea, también puede hacerlo con la tuya si decides darle una oportunidad. Resumen: Akage no Anne es imprescindible.

SHO-SHIKIBU

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10 comentarios en “Porque los clásicos nunca mueren: Akage no Anne

  1. Yeli dijo:

    Interesante entrada, no recuerdo de haberla visto (Akage no Anne), pero cómo no me perdía un episodio de Marco, Heidi, Candy Candy. A veces, algo tristes, pero al mismo tiempo divertidas, con aventuras, afectos y familiares. Me la apunto a ver si la consigo. Gracias 🙂

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  2. Beat Books dijo:

    Maravillosa entrada. Tengo un vago recuerdo de este anime en mi niñez. (La más conocida es Candy). Por lo de más gracias por la ilustración. Espero leer pronto a Ana de las Tejas Verdes. Abrazos ❤
    PD: me partí risa con 'maloliente otaco que se precie' XD

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    • Sho-Shikibu dijo:

      Todos somos “malolientes otacos” xDDD Es broma 🙂 Algunos nos duchamos todos los días y esas cosillas típicas de la higiene 😛
      Me alegra que te haya gustado la entrada, las novelas son maravillosas; el anime no le va a la zaga en absoluto 🙂
      ¡Abrazos de vuelta! ❤

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  3. Coremi dijo:

    Hola, ahh tendré que verla ya que me leí las dos primeras novelas y Ana me conquistó desde el primer momento, sonreí al leer los nombres de los demás personajes que acompañan a esta intrépida niña en su día a día. Si tengo más presente Heidi pero no por su serie animada sino por su historieta 🙂 en la biblioteca de mi pueblo estaban todos los tomos y los leí con gran alegría y mayor fue cuando más adelante descubrí que el querido Studio Ghibli había sido responsable de diseñar a los personajes. Una gran recomendación la suya como siempre, espero traigan otras series “antiguas” para ampliar la visión de los espectadores tanto ocasionales como más acérrimos. Besos a las tres 🙂

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    • Sho-Shikibu dijo:

      ¡Hola, Coremi!
      “Akage no Anne” es de las producciones más redondas que he visto, ¡y eso que ya tiene sus añitos! Te la recomiendo totalmente, si disfrutaste con las novelas, te conquistará por completo ❤
      Tenía muchas ganas de escribir sobre este anime, y me pegué unas cuantas semanas revisionándolo (lo vi hace mucho tiempo) y ha sido un reencuentro entrañable 🙂
      ¡Besos, Coremi! ❤

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  4. Faelyan dijo:

    Ya estaba interada en el clasicazo que suponen las novelas. Pero desconozía que existía una versión animada. Uno de los animes indiscutibles de mi infancia fue sin duda Heidi.
    Es una pena que la animación para público juvenil actual tenga demasiadas bromas escatologicas y no se valoren a las joyas sean para el público que sean.
    Muy interesante conocer una serie del gran Takahata.

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    • Sho-Shikibu dijo:

      Si apreciaste “Heidi”, “Akage no Anne” te va a encantar. Es una adaptación de la primera novela tan delicada, tan respetuosa y, a la vez, con tanta vida propia que es imposible no emocionarse ❤
      ¡Gracias, por comentar, Faelyan! Ya contarás qué te ha parecido :3

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  5. Astrea dijo:

    Una entrada preciosa, que me ha dado ganas de ponerme con la serie, porque tengo esta versión animada un tanto olvidada.

    Las series que nos dio el World Masterpiece Theatre fueron maravillosas, yo tengo un grato recuerdo de me dieron mi primer acercamiento a “Mujercitas” (y “Hombrecitos” después). Así como la versión de “Sonrisas y Lágrimas” y “Papá Piernas Largas” de las que tampoco me perdí ni un episodio.

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    • Sho-Shikibu dijo:

      Me alegra que te haya gustado la entrada, la verdad es que “Akage no Anne” merece que se la rescate del olvido, porque es maravillosa de verdad ❤
      WMT fue un contenedor televisivo que hizo un trabajo soberbio, es bueno encontrar personas que todavía lo recuerden y aprecien su labor ❤
      ¡Un abrazo, Astrea!

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